
Los parlamentarios italianos aprobaron el martes, por amplia mayoría, el ambicioso plan de recuperación económica de Italia elaborado por el economista y primer ministro Mario Draghi. La iniciativa recibió 442 votos a favor, 19 en contra y 51 abstenciones.
El plan, de seis años de duración, por un monto de 222,100 millones de euros y financiado por la Unión Europea (UE), deberá reactivar la economía de la península, devastada por la pandemia del Covid-19.
El gobierno italiano quiere someter su plan a la Comisión Europea (CE) en Bruselas a más tardar el próximo viernes.
Con este plan, Italia busca cerrar la brecha entre el norte desarrollado y el sur pobre de la península, entre hombres y mujeres, y entre generaciones, así como acabar con la confundida burocracia italiana y la legendaria lentitud de la justicia.
Plan a la Draghi
El fin de semana pasado, Italia se convirtió en el segundo país europeo (el primero fue Portugal) en presentar su proyecto de plan de recuperación.
El plan incluye gastos por 222,100 millones de euros (unos 268,000 millones de dólares), de los cuales la UE aportará 191,500 millones (231,600 millones de dólares), a esa cantidad se suma un fondo nacional por 30,600 millones de euros gracias a una ampliación del déficit.
Según un portavoz gubernamental, se articula en seis misiones: A la misión “Digitalización, innovación, competitividad y cultura” se destinarán 49,200 millones de euros y las inversiones prevén desplegar Internet de última generación en toda la península.
El capítulo “Revolución verde y transición ecológica”, recibirá la mayor parte (68,600 millones de euros) y tiene como objetivo el reciclaje de 65% de los residuos plásticos y 100% de los textiles e impulsar el transporte público con la compra de autobuses menos contaminantes.
El gobierno también planea “importantes inversiones en fuentes de energía renovables” y apoyo al “sector del hidrógeno”.
La misión “Infraestructuras para una movilidad sostenible”, cuyo presupuesto es de 31,400 millones de euros, prevé “un desarrollo racional de infraestructuras de transporte modernas, sostenibles y que cubran todo el país”. La modernización de las líneas regionales de ferrocarril y las inversiones en los trenes de alta velocidad son sus principales objetivos.
El apartado de “Educación e investigación” cuenta con un presupuesto de 31,900 millones de euros y prevé la construcción de nuevas guarderías y escuelas, entre otros.
Con un monto de 22,400 millones de euros, la sección de “Inclusión y cohesión” busca “facilitar la participación en el mercado laboral y favorecer la inclusión social”.
El gobierno invertirá especialmente en la creación de empresas por mujeres a través de un fondo especial o en los suburbios de las grandes ciudades.
Con 18,500 millones de euros de dotación, el capítulo de “sanidad” tiene como objetivo reforzar la prevención y los servicios médicos de proximidad, así como digitalizar el sistema de salud en su conjunto.
Por último, para después del 2026, el gobierno de Draghi ha programado gastos por 26,000 millones de euros, con lo que los fondos totales ascienden a 248,000 millones de euros.
“Se trata de un reto histórico para Italia, que sólo acaba de comenzar”, comentó Sergio Luciano, director de la revista especializada Economy.
Por su parte, Draghi comentó que: “No se trata sólo de planes y programas. Es una inversión en el futuro y en las nuevas generaciones (…) El gobierno quiere dejar a las nuevas generaciones un país más moderno”.
Francia y Alemania presionan
Por otra parte, el ministro de finanzas galo, Bruno Le Maire, presentó las líneas básicas del plan de recuperación, el cual podría presentarse este miércoles, junto a su homólogo alemán, Olaf Scholz. De igual forma, París aprovechó la ocasión para exigir a la Comisión Europea que el examen de los planes de recuperación se haga lo más rápido posible, ya que la UE “ha perdido demasiado tiempo”, mientras otras potencias mundiales, como EU y China, ya se encuentran sumergidas en plena fase de recuperación económica.
Asimismo, los ministros de finanzas pidieron a la CE disponer de los fondos antes del fin del verano.
“La Comisión Europea debe examinar los planes nacionales de estímulo lo antes posible para que puedan ser aprobados a más tardar en el Consejo Europeo de julio”, apremió Le Maire a la presidenta de la CE, Ursula von der Leyen.
En cuanto a los planes de estas dos potencias europeas, adelantaron que responderían a las exigencias de la Comisión de dar prioridad a la digitalización y a la protección del clima. Las normas de la UE exigen que 37% del dinero se gaste en la lucha contra el cambio climático y 20% en digitalizar la economía.
Sin embargo, la principal diferencia entre los proyectos alemán y francés es que Berlín planea volver al déficit cero en el 2022 mientras que París pretende un plazo mayor y no piensa empezar a reducir la deuda sino hasta el 2027.
















