
DALLAS.- Cientos de 'dreamers' de todo el país reunidos aquí en el 3rd. Congreso nacional de ''United We Dream'', la mayor organización de universitarios indocumentados en Estados Unidos, renovaron su esperanza en el movimiento y se comprometieron a un activismo más intenso para lograr la aprobación del ''Dream Act'', así como ampliar su lucha a otros asuntos migratorios en su agenda del año próximo.
Unos 450 jóvenes de 28 estados llenaron los galerones de un estudio cinematográfico local durante los tres días que duraron los talleres y conferencias sobre inmigración, educación, política, liderazgo y derechos civiles. Además, escucharon testimonios de trabajadores indocumentados y representantes de grupos sindicales.
Confluyeron aquí estudiantes que descienden de orígenes distintos, hablan con acentos variados y conservan coloridas diferencias, pero todos tienen en común que crecieron y se educaron en Estados Unidos desde que fueron traídos por sus padres cuando eran niños. Éste es el único país que conocen y el mismo que les niega el derecho a los documentos para vivir legítimamente en su suelo.
Sin embargo, tienen acceso a estudiar con colegiaturas de residente estatal en universidades en 12 estados. Texas fue el primero en aprobar una ley en 2001 que firmó el actual aspirante presidencial Rick Perry y es llamada el 'Texas Dream Act'. Cuentan con leyes semejantes en California, New York, Utah, Washington, Oklahoma, Illinois, Kansas, New Mexico, Nebraska, Maryland y Connecticut.
Cada uno de los 'dreamers' puede relatar historias increíbles de sobrevivencia, dificultades, temor o dolor, pero también algunas de triunfo, ya que entre ellos hay quienes son los mejores estudiantes de sus estados, presidentes de asociaciones estudiantiles; otros fueron admitidos en instituciones de máximo prestigio conocidas como 'Ivy League' y muchos terminaron o cursan estudios de postgrado. Hay además activistas apasionados que han caminado cientos de millas o con discapacidades congénitas.
Aquí una de las primeras acciones del congreso fue una protesta frente a la oficina del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, del inglés), donde enérgicos repitieron el clamor ''¡suelta a nuestra gente!'', dirigido al presidente Obama para que cese las deportaciones y la separación de familias inmigrantes.
Nicole, del grupo local ''North Texas Dream Team'', lidereó la protesta con el grito de ''¡Basta!'' hacia los republicanos que se han opuesto a la legalización de 11 millones de indocumentados, a demócratas que no han cumplido la promesa de una reforma migratoria y a líderes latinos que ''nos dieron las espalda como Cecilia Muñoz'' y les advirtió que ''podría pasarles lo que le sucedió a Russell Pearce en Arizona''.
Entre los acuerdos que se tomaron en el congreso, el miembro del comité nacional de ''United We Dream'', Felipe Matos explicó que ''el año próximo desplegaremos más acción y no sólo por el Dream Act, sino para cambiar las leyes y el sentimiento antiinmigrantes en el país y a la vez apoyar legislaciones estatales pro-inmigrantes''.
Aseguró que también se enfocarán en acciones para que la gente se registre y salga a votar en las elecciones de 2012. ''Necesitamos un presidente que va a firmar la ley del Dream Act y actualmente no tenemos suficientes votos en el congreso para pasar una reforma migratoria, entonces tenemos que cambiar primero la composición del congreso'', dijo el joven que nació en las barriadas de Brasil.
Matos fue galardonado como el mejor estudiante universitario en el estado de Florida en 2008 y hace casi dos años, caminó con otros tres 'dreamers' desde Miami a Washington, D.C. para crear conciencia sobre los estudiantes indocumentados.
''Necesitamos que cambien las ideas sobre nosotros e inspirar a otros jóvenes a ser más activos en su ámbito estatal o local, necesitamos que adquieran habilidades para impulsar un cambio en sus comunidades'', aseguró el estudiante de negocios.
ESCLAVITUD MODERNA: LOS INDOCUMENTADOS
En la parte de educación política, se ofreció un panel sobre ''un día en la vida de un trabajador indocumentado'', en el que un grupo de empacadores de carnes frías, trabajadoras domésticas, lava coches y pizcadores agrícolas organizados relataron los abusos e injusticias de los que aún son víctimas por su situación migratoria en fábricas, negocios, en el campo y la industria de servicios.
Los 'dreamers' conocen bien esas condiciones. Lo manifestaron cuando se les pidió levantar la mano si habían trabajado en la construcción, el campo o en un restaurante, la mayoría de ellos lo hizo en este último rubro de servicios. Varios señalaron que sus padres también vivieron esa situación.
El ponente Daniel Rodríguez, un hondureño indocumentado con 11 años en este país, habló de las malas condiciones de seguridad en la industria de la construcción. ''A diario no hay descanso ni horarios o tiempo para comer, los patrones pagan malos salarios y si uno protesta lo amenazan con enviar a la policía''.
Otro trabajador relató que cruzó la frontera para alimentar a su familia, porque ''allá en México compras zapatos o comes''. Tras 20 años en este país fue deportado y cuando regresó a su pueblo, no hallaba su casa porque todo había cambiado. Tuvo que regresarse nuevamente a Estados Unidos después de caminar horas por el monte, reveló.
''No estoy solo. Somos miles de personas en toda la Unión Americana que estamos pasando este sufrimiento. Pero aquí estoy luchando hombro con hombro, palabra por palabra, poniendo granito por granito. Hemos logrado cambios como 10 minutos de descanso para tomar agua y el derecho a ser defendidos por la policía para obligar que nos paguen nuestros sueldos. Pero no es suficiente'', afirmó.
Oscar, un pizcador de tomates guatemalteco y miembro de la Coalición de trabajadores de Immokalee en Florida, indicó que la extrema pobreza en su país lo hizo emigrar y el deseo de darle educación a su hermano menor, quien ahora estudia mecánica.
''Comenzamos a trabajar desde las 3 de la mañana. Los bajos jornales siguen siendo el problema. Todavía nos pagan 40 centavos por cubeta si se completa con 32 libras de tomate, por lo que para ganar 50 dólares, tendríamos que pizcar 2 toneladas al día'', narró a los 'dreamers', algunos de los cuales testimoniaron del trabajo infantil en el campo.
Dijo que los trabajadores agrícolas han sido objeto de palizas, de jornadas de 10 horas, de acoso sexual a las mujeres, familias hacinadas en tráilers y exposición a pesticidas. ''Es la nueva esclavitud moderna en la que incluso hubo 9 casos de encierro y encadenamiento de pizcadores para evitar que trabajaran con alguien más'', denunció.
Lydia, líder de la Alianza Nacional de Trabajadoras domésticas, fue muy clara cuando señaló a los jóvenes ''ya no somos invisibles, antes nadie nos veía por ningún lado, pero ahora estamos alzando la voz para decir que no sólo queremos que se creen empleos, sino que se creen empleos de calidad''.
Ella limpia casas de día y oficinas de noche. Decidió afiliarse a una unión para defender sus derechos como inmigrante. ''Queremos mejor calidad de vida, servicios y necesitamos una reforma migratoria'', externó.
Del sindicato de trabajadores de la industria de alimentos, Manuel Ramírez y Rosalba Morales, quienes laboran en una planta procesadora y empacadora de pollos, aseguran que han obtenido logros como ir al baño, pago de días festivos y aumento en el pago por hora.
Manuel Zúñiga, un mexicano del sindicato de lavacoches en California, indicó que en esa industria aún existen abusos como trabajar bajo el sol en jornadas de 12 horas, sin permiso para tomar agua o descansos y la presión de lavar el mayor número de carros posible por hora, aparte de las amenazas de despido si se afilian a una unión. ''Tratamos de educarlos sobre sus derechos y para saber defenderse'', señaló.
CRECER COMO INDOCUMENTADO
A Julieta Garibay le tiembla la voz y se le aguan los ojos cuando habla de las dificultades que han marcado su vida por la falta de documentos migratorios. Completó una maestría en ciencias de enfermería en salud pública que no puede ejercer y es una de las activistas veteranas por el 'Dream Act' en Texas, además de ser parte del comité nacional de United We Dream.
Garibay aún se siente marginada en el país donde ha vivido desde los 11 años, cuando su madre la trajo de México. Ahora a sus 31 años, cuida niños para vivir.
Para ella, la aprobación del 'Dream Act' sólo depende de la voluntad política presidencial. ''Obama tiene el poder de frenar las deportaciones de 'dreamers' y darles el estatus de residentes, sólo es cuestión de que firme una orden ejecutiva. Otras administraciones lo han hecho'', comentó.
En Estados Unidos, viven actualmente 2.1 millones de estudiantes indocumentados que son elegibles para ser beneficiarios del 'Dream Act', según el Instituto de Política de Migración (The Migration Policy Institute).
''La perseverancia es lo que no se termina, es el motor de esta lucha donde se alimenta el sueño con mucha esperanza'', afirmó Garibay.
Diego Sánchez vino al congreso nacional desde Florida. Sus padres lo trajeron a los 8 años de edad desde Argentina. Es el presidente del cuerpo estudiantil de una universidad privada en Miami, donde estudia sicología y liderazgo global. Para costear su educación con becas, entró a ser parte de un coro y de un equipo de corredores a campo traviesa.
''El Dream Act debió haberse aprobado hace mucho tiempo, es cuestión de voluntad política. Son demasiados años esperando esta ley, yo cada año digo que éste sí y no sucede, luego el próximo vuelvo a creer que en ese año sí y tampoco pasa'', señaló.
El joven de 21 años dice no olvidar los sacrificios que hizo su familia cuando llegaron a Estados Unidos, su madre limpió casas ajenas y su padre pintó viviendas por largas jornadas diarias para sobrevivir.
Paula Zapata es otra 'dreamer' muy especial. Ya terminó sus estudios de comunicaciones en la Universidad de Houston. Es activista por la aprobación del 'Dream Act' en la organización ''Today and Tomorrow Youth'' y participa en el movimiento, a pesar de una anomalía congénita que la mantiene en una silla de ruedas.
Sus padres la trajeron a este país cuando tenía 4 años desde Colombia, ahora tiene 26. Ella puede dar testimonio de lo que significa vivir indocumentada. ''Si tuviera papeles recibiría ayuda por mi incapacidad y también trabajo porque ya obtuve mi título universitario'', externó.
En su opinión, ''hace falta apertura mental y un cambio de pensamiento para que dejen la ignorancia sobre la situación que viven miles de estudiantes indocumentados, deben aprender las verdades de este movimiento''.
Al término del congreso nacional de 'United We Dream' se eligió un nuevo liderazgo, continuaron las sesiones sobre sus estrategias y acciones para el año próximo y se incluyó la celebración de los 10 años del 'Dream Act', con la presencia del Dr. Josh Bernstein quien bosquejó la primera versión de la ley en 2000, así como el representante local Rafael Anchía y el abogado Domingo García, uno de los autores del 'Texas Dream Act' en 2001.
















