***Conaculta recuerda a la autora cubana quien realizó grandes aportes a la literatura, fallecida el 5 de septiembre de 2007
México, 5 Sep. (Conaculta-Comunicado No. 1894).- El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) recuerda a la narradora, ensayista, académica, dramaturga y traductora Julieta Campos, en su 5° aniversario luctuoso.
Julieta Campos de la Torre, nació un 8 de mayo de 1932, en la Habana, Cuba, y falleció el 5 de septiembre de 2007, en la ciudad de México, donde radicó desde 1955. Adquirió la nacionalidad mexicana luego de contraer matrimonio con el también escritor y diplomático, Enrique González Pedrero.
Campos obtuvo el doctorado en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana y estudió Literatura Francesa Contemporánea en La Sorbona de París. Fue maestra en la UNAM; directora de la Revista Universidad de México; miembro del consejo de redacción de Vuelta; presidenta del Pen Club de México (1978–1982) y colaboradora de numerosas revistas y suplementos culturales.
Recibió el Premio Xavier Villarrutia en 1974 por Tiene los cabellos rojizos y se llama Sabina. Entre sus obras se encuentran crónicas: Cuadernos de viajes (2008); ensayos: La imagen en el espejo (1965), Oficio de leer (1971), Función de la Novela (1973), La herencia obstinada (1982), Un heroísmo secreto (1988), Bajo el signo de IX Bolón (1988), Tabasco: un jaguar despertado. Alternativas para la pobreza (1996), y novelas: Muerte por agua (1965), Celina o los gatos (1968) y La forza del destino (2004).
El escritor Enrique González Pedrero destacó que aún queda pendiente de publicar el estudio que su consorte realizó sobre el cuento cubano del siglo XX, considerado el primer ensayo largo que Julieta Campos escribió y sus cartas.
El año pasado, en el 80 aniversario de su natalicio, varios amigos y colegas la conmemoraron. La periodista Denisse Dresser la recordó, como “una mujer intelectual, refinada, parada en la intemperie de la pobreza en México. Y que descubre ese déficit de fraternidad que la hace cobrar conciencia y la lleva a participar, trabajar, involucrarse en el país que le reclama hacerlo”.
La escritora y periodista Elena Poniatowska mencionó que “la belleza era una de sus constantes, la inteligencia de la belleza, la belleza física y la intelectual, la pública y la personal, la de la ciudad y la de sus casas en la calle de Frontera y en el pueblo de Tetecala, la de los libros que escribió”.
Por su parte el escritor y novelista Ignacio Solares recordó que la literatura de Julieta Campos se diferenció de los escritores de su tiempo, por “esa intensa obsesión por la muerte, algo único en ella, presente en todas sus novelas”.
Así mismo Emiliano González, hijo de la autora, recordó que sí algo disfrutaba su madre, además de narrar, escribir y dar cátedra, era viajar durante largas temporadas sin necesidad de guías como lo demuestran sus experiencias en Francia, España, Portugal, Italia, Suecia, Alemania, Rusia, Egipto, Grecia, Brasil, Venezuela, Cuba y México.
















