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sábado, enero 31, 2026

    Gustavo Madero: Un técnico sin mucha seda

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    Por Juan Arvizu Arrioja

    Gustavo Madero, senador panista: Un técnico sin mucha seda

    -Cincuentón de buen trato, de sangre liviana, suele romper el hielo antes de negociar con una broma, tras la cual se atrinchera.

    El hombre sin nervios, el relax en carne y hueso, tuvo que estirar el cuello al micrófono inalcanzable. Su sentido práctico de las cosas le dictó algo insólito en política: tiró al piso las tres pulgadas de papeles y carpetas que cargaba bajo el brazo, y subió a ese ladrillo improvisado, con lo que resolvió la cuestión de la estatura. Bromista, amigo de la guasa en serio, dijo:

    -Ahora sí. Estoy a sus órdenes (para dar declaraciones) y hasta para contar chistes.

    Los periodistas del Senado lo habían conocido como presidente de la Comisión de Hacienda. Activo, eficiente, accesible, sin séquito de colaboradores; lo habían visto como un senador de la grey panista. Y punto.

    Al ser desbancado Santiago Creel de la coordinación del grupo de senadores, por una orden del presidente del PAN, Germán Martínez Cázares, el que ganó la rifa del tigre era él, un militante entrón, sin las sedas de la política palaciega de la capital.

    A partir de ese 10 de junio de 2008 tenía que vérselas con los lobos del cabildeo, la negociación, en un momento crucial del sexenio, en pleno proceso de discusión de la reforma petrolera, la más compleja que ha habido.

    Gustavo Enrique Madero Muñoz, oriundo de Chihuahua (16 diciembre 1955), padre de familia (dos hijas), licenciado en Ciencias de la Comunicación (ITESO) es definido por quienes lo conocen, como un técnico difícil de mover a terreno ajeno.

    “Siempre llega preparado a negociar”, dicen quienes han escuchado a Madero en tarea de acuerdos.

    El comunicólogo quedó atrás, cuando Madero emprendió los estudios de Finanzas Internacionales (Tec de Monterrey) y de Alta Dirección (IPADE), que marcarían su ingreso a las esferas de la élite hacendaria.

    Tenaz colaborador de Francisco Barrio en la gubernatura de Chihuahua, probó la derrota electoral, al aspirar por la alcaldía de Chihuahua; pero ganó una curul, su boleto a la presidencia de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados.

    La 59 Legislatura, de 2003 a 2006, selló el destino de Madero Muñoz, quien pudo tejer en esos años relaciones con personajes clave en la actual administración de Felipe Calderón Hinojosa: Agustín Carstens (Hacienda) y Juan Molinar (IMSS).

    Carstens, operador entonces de Hacienda ante el Congreso; Molinar, diputado, también en la Comisión de Hacienda de San Lázaro.

    El Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE), escuela de la élite empresarial y financiera, habría afinado a Madero. “Sabe arrastrar el lápiz, como técnico; es lo suyo”, comenta un observador del quehacer de la bancada panista.

    Es un cincuentón de buen trato, de sangre liviana, que suele romper el hielo antes de negociar con una broma, tras la cual se atrinchera, dicen.

    Donde no hay jugadas de pizarrón, donde los políticos brillan, en habilidades de salón, está el margen de fallos de Madero, de los cuales tiene colección. Son equívocos irrisorios, que causan malestar fugaz y. sin embargo, dejan ver su meta: ser candidato del PAN a la gubernatura de Chihuahua.

    Si de chistes iba a estar moteado su liderato, una de las puntadas de madero ha sido cuando dijo (8 diciembre 2008) que habría que levantar un monumento al secretario Carstens –“¡qué atrevido, ¿verdad?”–, por asegurar el precio del petróleo.

    Esa gracejada es la excepción en el rosario de choques, como el que tuvo con el gobernador de su estado, José Reyes Baeza (PRI), que tiene el lema de “tierra de encuentro”.

    Madero forjó un juego de palabras: Encuentro, sí, de un cadáver acá y otro allá.

    Reyes, un lobo en su tipo, aprovechó la reunión de seguridad pública (28 noviembre 2008) para reprochar al presidente Calderón, la ironía. Así exhibió el cordón umbilical de Madero respecto de Los Pinos. Franco, justificó que sus palabras las dijo en privado, y sin empacho ofreció disculpas y se llevó su golpe.

    En su día (2 diciembre 2008) abrió un forcejeo con el gobernador de Coahuila, Humberto Moreira (PRI), por la iniciativa de pena muerte; y después (21 enero) arremetió contra el IFE, por las investigaciones a los “políticamente expuestos”.

    Orgullo personal es rasgo de carácter, en él. Es sobrino nieto del Apóstol de la Democracia, y tiene un parecido de gota de agua con el revolucionario que desterró a Porfirio Díaz.

    Pero su orgullo no es de mármol, sino de un talante informal:

    -La familia de mi abuelo Evaristo era de 14 Maderitos, ¡Maderotes! Era hermano de Francisco Ygnacio (con ye), de Gustavo, y todos ellos.

    Ese es Gustavo Enrique Madero, con un pie en la Historia y otro en la élite financiera, que se ríe de su estatura, sin grupo en la bancada del Senado, con la eficiencia necesaria para salvar del naufragio la reforma petrolera.

    Tenaz, informal y sin aura de poder.

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