
La montaña de fuego volvió a rugir. El volcán Kīlauea, en Hawái, entró en erupción el 22 de agosto de 2025 con una puntualidad asombrosa, cumpliendo casi al minuto el pronóstico emitido días antes por los científicos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). Pero más allá de la precisión científica, el episodio volvió a ofrecer un espectáculo visual inolvidable: fuentes de lava que, según registros del USGS, alcanzaron alturas de hasta 300 metros.
El USGS había advertido que el coloso podría registrar un nuevo pulso eruptivo entre el 23 y el 27 de agosto. Pero el suelo se agitó antes de lo previsto: apenas unas horas antes del inicio de esa ventana, el magma se abrió paso a través de las fisuras del cráter Halemaʻumaʻu, activando lo que sería el episodio número 31 desde diciembre de 2024, cuando el volcán reanudó su actividad tras una breve pausa.

La erupción se mantuvo confinada dentro del cráter, y en cuestión de horas las cámaras de monitoreo del USGS captaron chorros de lava que iluminaron la noche de la Gran Isla con un resplandor rojizo visible a varios kilómetros. Una de las transmisiones en vivo del USGS, desde su red de cámaras en YouTube, permitió que miles de personas alrededor del mundo siguieran el fenómeno en tiempo real.
Una nueva secuencia eruptiva documentada

La primera señal oficial se registró poco después de las 2:00 p.m., hora local. Minutos después, columnas de gas y ceniza comenzaron a elevarse sobre el Halemaʻumaʻu, inaugurando una nueva secuencia eruptiva. Aunque en sus primeras horas las fuentes se mantuvieron alrededor de los 30 metros de altura, algunas superaron ampliamente esa cifra, alcanzando los 300 metros en momentos puntuales, de acuerdo con los datos actualizados del observatorio.
Según el USGS, “la mayoría de los episodios desde diciembre han durado menos de 24 horas, con pausas de varios días entre uno y otro”. Esta regularidad ha convertido al Kīlauea en un laboratorio natural invaluable, ya que permite observar en tiempo real los mecanismos de acumulación y liberación de presión interna en un sistema volcánico activo.
La actual fase eruptiva, que comenzó el 23 de diciembre de 2024, ha incluido más de treinta eventos separados —un récord reciente para el Kīlauea— y mantiene en vilo tanto a la comunidad científica como a los residentes y visitantes de la isla.
Turismo, monitoreo y precisión científica

Más pequeño que su coloso vecino, el Mauna Loa —el volcán más grande del mundo—, el Kīlauea es sin embargo el más activo de Hawái, y uno de los más vigilados del planeta. Desde 1983 ha estado en erupción de manera casi continua, alternando fases más intensas con periodos de relativa calma. Su accesibilidad, junto a la espectacularidad de sus erupciones, lo han convertido en un imán turístico permanente.
En este episodio, la alerta volcánica se elevó a WATCH y el código de aviación permaneció en naranja. Aunque la erupción no representa una amenaza inmediata para zonas habitadas, los expertos se mantienen atentos a la emisión de gases peligrosos como el dióxido de azufre y el dióxido de carbono, que pueden generar la llamada “vog” —una neblina volcánica que afecta la calidad del aire y provoca irritaciones respiratorias, especialmente en personas sensibles.
Las autoridades locales activaron protocolos preventivos y emitieron recomendaciones de salud, aunque no se reportaron incidentes graves. El flujo de turistas, por el contrario, creció de inmediato. Operadores turísticos y hoteles confirmaron un aumento en las consultas y reservas, impulsado por las imágenes virales de la erupción que circularon ampliamente en redes sociales.

“Era como si la tierra respirara fuego”, relató un visitante de California que había viajado con la esperanza de coincidir con una nueva manifestación del volcán. Para muchos, el Halemaʻumaʻu se transformó una vez más en un anfiteatro natural donde cada llamarada se alzaba como parte de una coreografía telúrica.
La precisión del pronóstico también fue motivo de reconocimiento. “Acertar con tal exactitud en la ventana temporal de una erupción es algo inusual y muy alentador”, subrayaron los especialistas del USGS. El episodio del 22 de agosto se ha convertido en un ejemplo de referencia sobre cómo la combinación de datos sísmicos, análisis geoquímicos y observación satelital permite anticipar fenómenos volcánicos con creciente eficacia.
Lo que queda, finalmente, es una imagen que combina ciencia y asombro: chorros de lava de hasta 300 metros iluminando la noche hawaiana, un volcán cumpliendo el libreto previsto por los expertos, y miles de ojos cautivos ante el poder de una Tierra que, incluso cuando arde, puede ser comprendida.
Fuente:
Porfirio Escandón-https://www.excelsior.com.mx/global/kilauea-lanza-fuentes-de-lava/1734859